¿Qué implica el ajuste fiscal?
Cuando hablamos de ajuste fiscal, nos referimos a las medidas que un gobierno adopta para equilibrar sus finanzas a toda costa. Es exactamente lo mismo que tuviste que hacer vos en tu economía doméstica: ajustar gastos para no exceder tu presupuesto. (Por cierto, ¿chequeaste nuestra nota sobre cómo sobrevivir a los cambios de tarifas? ¡Pasate, sigue vigente!).
En el caso de un país, esto significa equilibrar lo que el Estado gasta (gasto público) con lo que recauda (impuestos). El objetivo, como vimos estos años, fue cortar el chorro: no gastar ni un peso más de lo que ingresa. Clarita la cuenta.
¿Qué era el déficit fiscal?
Es la situación que intentamos dejar atrás, donde los gobiernos —municipales, provinciales o nacionales— gastaban sistemáticamente más de lo que generaban. Esa diferencia se cubría con emisión de billetes (lo que generaba inflación) o con deuda.
Del concepto a la realidad: el equilibrio de las cuentas
En los últimos años, el ajuste fiscal dejó de ser una teoría para convertirse en una medida concreta de gestión económica. El objetivo central fue alcanzar el equilibrio financiero, es decir, eliminar el déficit para sanear la macroeconomía y evitar la necesidad de emisión monetaria o endeudamiento excesivo.
Esta corrección del gasto se vio reflejada en tres pilares fundamentales:
Corrección de Tarifas y Subsidios: Fue el cambio con mayor impacto directo en la economía doméstica. Se avanzó en una reducción de los subsidios estatales a la energía (luz y gas) y al transporte. El objetivo técnico fue "sincerar" los precios, haciendo que las facturas reflejen el costo real del servicio y aliviando así una gran parte del gasto público.
Optimización de la Estructura Estatal: Se aplicaron medidas para reducir los costos operativos de la administración pública, buscando una estructura más austera, con menos dependencias administrativas y un gasto corriente acorde a los ingresos reales del país.
¿Por qué se hizo?
La lógica aplicada fue que, para matar la inflación de raíz (ese monstruo que nos persiguió por décadas), había que dejar de emitir dinero para financiar al tesoro. Sin déficit, no hay necesidad de imprimir billetes sin respaldo.
Dependiendo de cómo te haya ido estos dos últimos años, habrás notado que los precios relativos se acomodaron (aunque a un costo alto para el consumo). Fue un remedio amargo, pero conceptualmente buscaba sanear las cuentas para siempre.
¿Se entiende mejor ahora? Ya no es teoría, es la historia reciente de tu billetera. Más allá de las cuestiones políticas, entender que "no se puede gastar lo que no se tiene" es la lección económica que nos dejó este período.