Durante años, muchos comercios argentinos vivieron con el reflejo automático de remarcar precios casi a diario. La inflación alta empujaba a hacerlo: si no ajustabas rápido, perdías. El precio era el escudo frente a un contexto impredecible.
Hoy el escenario es distinto. Con más estabilidad, remarcar todos los días deja de ser la única estrategia. El problema es que, aun vendiendo, muchos negocios sienten que ganan menos. Si no subís precios, pero los costos siguen ahí, ¿cómo cuidás la rentabilidad?
Precio, margen y ganancia: no son lo mismo
Aunque muchas veces se usen como sinónimos, no significan lo mismo.
El precio es lo que cobrás. El margen es lo que te queda de cada venta después de pagar todos los costos. Y la ganancia es el resultado final, cuando mirás el negocio completo en un período.
Un ejemplo para ordenar las ideas: Vendés un producto a $10.000. Entre el costo del producto, comisiones de cobro y gastos fijos prorrateados, ese producto te sale $7.000. Tu margen real es de $3.000, es decir, un 30%. Si alguno de esos costos sube y el precio no cambia, el margen baja aunque sigas vendiendo igual 👀.
Por qué remarcar menos no significa ganar menos
Remarcar por reflejo puede incluso jugar en contra. Subir precios sin revisar costos, mix de productos o promociones puede hacerte perder ventas sin resolver el problema de fondo. En cambio, cuando el margen está claro, podés tomar decisiones más finas, sabiendo qué empujar, qué ajustar y qué sostener.
La clave es entender que si el margen real se mantiene, no necesitás subir precios “por las dudas”. Y si el margen cae, el problema no siempre es el precio.
Los costos que hoy te comen el margen
Muchos márgenes se achican sin que el comerciante lo note. No por el costo del producto, sino por todo lo que pasa alrededor de la venta. Algunos de los más frecuentes:
Comisiones de medios de pago, que varían según la forma de cobro y el plazo de acreditación.
Promociones mal calculadas, donde el descuento sale directo del margen.
Costos fijos heredados, como alquileres o servicios que quedaron desactualizados frente al nivel de ventas.
Plazos de acreditación, que afectan la liquidez y obligan a financiarse.
👉 El error común es remarcar precios sin recalcular estos costos. El resultado: precios más altos, pero márgenes igual de ajustados.
Cómo proteger los márgenes sin tocar precios
Acá está el corazón del cambio de mentalidad, porque proteger los márgenes no siempre implica subir precios.
Una primera palanca es el mix de productos. No todos venden lo mismo ni dejan el mismo margen. Tenés que identificar cuáles son los que más rotan y cuáles dejan mejor margen así podrás decidir qué destacar, qué promocionar y qué revisar.
También ayuda ajustar la presentación y las promos. A veces, cambiar cómo ofrecés un producto, armar combos simples o rotar stock lento mejora el resultado sin tocar el precio de lista.
Otra clave es revisar costos invisibles. Comisiones, descuentos automáticos o gastos que se dan por “normales” suelen ser los que más erosionan el margen. Un ajuste ahí puede valer más que una remarcación.
Cuándo sí conviene ajustar precios
Que no haya que remarcar todo el tiempo no significa que nunca haya que hacerlo.
Tiene sentido ajustar precios cuando:
El margen real cayó de forma sostenida.
Los costos estructurales subieron y no hay margen para absorberlos.
El precio quedó claramente desalineado del mercado.
No conviene hacerlo cuando el motivo es solo la incertidumbre o el miedo a quedarse atrás. Remarcar “por las dudas” suele ser más ansiedad que estrategia.
Indicadores básicos para saber si tus precios funcionan
No hace falta un Excel complejo para tener control. Algunos indicadores simples alcanzan.
Mirar el margen por producto te muestra dónde ganás y dónde no. Observar los costos como porcentaje de ventas ayuda a detectar desbalances. Y prestar atención a la liquidez —si la plata entra cuando la necesitás— completa el panorama.
Una versión express funciona como atajo mental:
Precio – (costos + comisiones + promos) = margen en pesos.
Si ese margen se mantiene, vas bien. Si baja, revisá antes de remarcar. Si desaparece, ahí sí hay alerta.
En un contexto más estable, el comerciante que gana no es el que más remarca, sino el que mejor entiende y gestiona sus márgenes. Menos reflejo, más control. Menos urgencia, más previsibilidad.
Cuando sabés qué te deja cada venta, el precio deja de ser una carrera diaria y pasa a ser una decisión consciente. Y eso, en cualquier negocio, vale oro.